Concepción, 10 de Enero de 2025

Eventos cardíacos súbitos en la mediana edad: lo que ocurre antes del desenlace

Las muertes de origen cardíaco que ocurren de forma súbita en personas de mediana edad suelen generar un fuerte impacto público porque aparecen como eventos inesperados. Sin embargo, desde el punto de vista médico, rara vez se trata de hechos imprevisibles. En la mayoría de los casos, el paro cardíaco es el desenlace final de una enfermedad cardiovascular previa, muchas veces no diagnosticada o subestimada. La causa más frecuente es una arritmia grave, como la fibrilación ventricular, que interrumpe de manera abrupta la capacidad del corazón para bombear sangre de forma efectiva.

Detrás de estas arritmias suele existir un corazón estructural o eléctricamente alterado. La enfermedad coronaria, producida por la aterosclerosis de las arterias que nutren el músculo cardíaco, es el principal sustrato. La obstrucción progresiva del flujo sanguíneo genera zonas de isquemia y cicatriz que alteran la conducción eléctrica del corazón, creando las condiciones para una arritmia letal. Este proceso puede avanzar durante años sin síntomas claros, especialmente en personas activas o con alta tolerancia al esfuerzo.

Factores de riesgo y señales que suelen pasar inadvertidas

En hombres y mujeres entre los 40 y 60 años, los factores de riesgo clásicos —hipertensión arterial, colesterol elevado, diabetes, tabaquismo, obesidad y sedentarismo— actúan de forma acumulativa. El estrés crónico y la falta de sueño, frecuentes en esta etapa de la vida, se asocian a mayor activación del sistema nervioso simpático, aumento de la presión arterial y mayor riesgo de arritmias.

Muchas personas presentan semanas o meses antes síntomas inespecíficos como fatiga persistente, falta de aire, palpitaciones ocasionales o molestias torácicas leves, que suelen ser atribuidas a causas no cardíacas. En mujeres, estas manifestaciones son más frecuentes y menos reconocidas. La ausencia de síntomas no equivale a un corazón sano.

Prevención y tratamiento: reducir el riesgo antes del evento

La prevención se basa en identificar y tratar la enfermedad antes de que se exprese de manera fatal. El control de la presión arterial, la reducción del colesterol LDL, el abandono del tabaco y la actividad física regular disminuyen el riesgo de infarto, arritmias y muerte súbita. Una alimentación equilibrada y el seguimiento médico oportuno permiten estabilizar la enfermedad cardiovascular.

En personas con riesgo elevado, el tratamiento farmacológico y el monitoreo especializado son fundamentales. En casos seleccionados, el uso de desfibriladores implantables ha demostrado reducir la mortalidad. La educación cardiovascular permite comprender que muchos eventos súbitos no son inevitables, sino prevenibles cuando se actúa a tiempo.