Concepción, 27 de Julio de 2026
Historias que laten: David volvió a mirar el futuro
A los 26 años, una insuficiencia cardíaca avanzada parecía haber detenido su vida. Hoy, gracias a un dispositivo de asistencia ventricular HeartMate 3 y al trabajo de un equipo multidisciplinario del Centro Cardiovascular del Hospital Guillermo Grant Benavente, volvió a caminar, regresó a su casa y espera un trasplante con una nueva oportunidad.
Hay momentos en que la vida cambia sin previo aviso, para David, ese momento llegó cuando apenas tenía 26 años. Mientras muchos jóvenes de su edad piensan en estudiar, trabajar o hacer planes para el futuro, él enfrentaba una realidad muy distinta: su corazón estaba dejando de funcionar. La insuficiencia cardíaca había avanzado hasta un punto en que los tratamientos convencionales ya no eran suficientes. Su estado era crítico y el tiempo comenzaba a jugar en contra.


Sin embargo, el trasplante cardíaco, que podía parecer la solución inmediata, tampoco era posible. Su organismo había desarrollado un alto nivel de anticuerpos producto de transfusiones, cirugías y tratamientos previos, lo que hacía que el riesgo de rechazo fuera extremadamente alto.
El equipo intentó reducir esos anticuerpos mediante una terapia especializada. No funcionó; por el contrario, debilitó sus defensas y desencadenó una infección que agravó su condición. Fue entonces cuando apareció una alternativa diferente: no un nuevo corazón, sino la posibilidad de ganar tiempo; tiempo para recuperarse, volver a vivir y seguir esperando.
“Las terapias convencionales ya no habían funcionado y el trasplante, en ese momento, no era una alternativa viable. Por eso decidimos implantar un dispositivo de asistencia ventricular izquierda”, explica el Dr. Patricio Córdova, cardiólogo especialista en insuficiencia cardíaca.
La decisión fue implantar un HeartMate 3, un dispositivo de asistencia ventricular izquierda capaz de asumir gran parte del trabajo que su corazón ya no podía realizar. La cirugía representaba un enorme desafío, no solo por la complejidad clínica de David, sino porque estas terapias exigen equipos entrenados, preparación permanente y una coordinación rigurosa entre distintas especialidades.
“Implantar este tipo de dispositivos siempre es un desafío. Son terapias relativamente nuevas y requieren capacitación continua. Gracias al trabajo colaborativo y al intercambio de experiencias con especialistas internacionales, hoy podemos ofrecer este tipo de tratamientos con altos estándares”, señala el Dr. Fabrizio Fasce, cardiólogo especialista en insuficiencia cardíaca y jefe de la Unidad Coronaria.


Hoy, cuando David habla del futuro, ya no lo hace con incertidumbre, sino con esperanza:
“Me siento bastante bien. Me siento feliz con la oportunidad que me pudieron dar aquí.”
Su objetivo sigue siendo recibir algún día un trasplante de corazón, pero ahora la espera es diferente.
“Gracias a esta oportunidad puedo tener una vida con normalidad mientras espero un posible trasplante...Me siento realizado. Feliz. Logré lo que esperaba: volver a tener una vida normal”.
Durante esos meses, David nunca estuvo solo. Su madre, Mónica, vivió cada día junto a él: esperó, acompañó y celebró cada pequeño avance.
Cuando finalmente llegó el momento de regresar a casa, sus palabras no hablaron de tecnología ni de procedimientos, sino de personas:
“Estoy muy agradecida del Hospital Guillermo Grant Benavente. De los doctores, las enfermeras, las TENS… de todos quienes estuvieron con nosotros...Me voy feliz, con el corazón contento, llenito de amor y de cariño por todos los que estuvieron aquí”
La recuperación de David también refleja el desarrollo alcanzado por el programa de insuficiencia cardíaca avanzada del Centro Cardiovascular. Durante el procedimiento participó como proctor el Dr. Juglans Souto, quien destacó el nivel de preparación del equipo y el desarrollo alcanzado en Concepción para realizar este tipo de terapias.
Ese reconocimiento habla del programa. Pero la verdadera dimensión de esta historia está en otro lugar.
Hace algunos meses, David llegó con un corazón que ya no podía sostener el ritmo de su vida, hoy volvió a caminar, volvió a hacer planes y volvió a imaginar el futuro. Todavía espera un trasplante, pero ya no espera desde una cama de hospital; espera desde su casa, con su familia, con la posibilidad de vivir mientras ese día llega.
Porque, a veces, la medicina no solo devuelve años de vida. También devuelve tiempo para seguir escribiendo la propia historia.


